Tecnología
Flujo de trabajo digital: cómo conectamos escáner, CBCT y laboratorio

Durante mucho tiempo, en las clínicas dentales cada prueba vivía en su propio compartimento: la impresión de silicona por un lado, la radiografía por otro y el laboratorio, casi siempre externo, que recibía moldes de escayola dentro de una caja. Hoy trabajamos de otra manera. En la Clínica Dental Berriotxoa, en Basauri (Bizkaia), hemos ido integrando el escáner intraoral, el CBCT (el TAC dental en 3D) y nuestro laboratorio propio dentro de un mismo caso, de modo que la información fluye entre ellos sin perderse por el camino.
En este artículo quiero explicaros, sin tecnicismos innecesarios, en qué consiste ese 'flujo de trabajo digital', cómo encajan las piezas y, lo que de verdad importa, qué gana el paciente cuando planificamos así un tratamiento. No se trata de tecnología por la tecnología: es una forma de trabajar con más precisión, con menos visitas cuando el caso lo permite y con una comunicación más clara entre los profesionales que os atendemos.
Qué es un flujo de trabajo digital en odontología
Cuando hablamos de flujo de trabajo digital nos referimos a algo muy concreto: los datos de vuestra boca se capturan una sola vez, en formato digital, y se reutilizan en cada fase del tratamiento sin volver a empezar de cero. El escáner intraoral genera un modelo tridimensional de los dientes y las encías; el CBCT aporta la información del hueso y de las estructuras que no se ven a simple vista; y el software de planificación combina ambos para diseñar el tratamiento antes de tocar nada.
La diferencia con el método clásico no es solo cuestión de comodidad. Cada vez que se copiaba una impresión en escayola, se enviaba a un laboratorio externo o se repetía una prueba, existía la posibilidad de introducir pequeñas imprecisiones. Al mantener todo en digital, esos pasos intermedios se reducen y la información llega más íntegra a la siguiente fase del caso.
Del escáner intraoral al modelo 3D: menos pastas de impresión
El escáner intraoral es una pequeña cámara con la que recorremos la boca y obtenemos, en pantalla y en pocos minutos, un modelo en tres dimensiones. Para muchos pacientes supone un alivio, porque sustituye en buena parte a las antiguas pastas de impresión, esas que había que morder y que resultaban incómodas, sobre todo si tenéis un reflejo nauseoso marcado.
Ese modelo digital es el punto de partida de casi todo: sirve para estudiar una ortodoncia con Invisalign, para diseñar una corona, para planificar una rehabilitación o para hacer un diseño digital de la sonrisa antes de empezar. Y, como queda guardado, podemos compararlo con el paso de los meses y valorar la evolución con datos objetivos, no solo con la memoria.
El CBCT: ver el hueso antes de intervenir
El escáner captura muy bien lo que se ve, pero en implantología y en cirugía necesitamos saber también lo que hay debajo: cuánto hueso hay, de qué calidad y dónde se encuentran estructuras delicadas como los nervios o los senos maxilares. Para eso usamos el CBCT, una tomografía que reconstruye la zona en 3D con una dosis de radiación contenida y localizada, y que solicitamos cuando el caso realmente lo justifica, no de forma rutinaria.
Superponer el CBCT y el escáner intraoral nos permite planificar un implante en el ordenador: elegir la posición, la inclinación y el tamaño más adecuados teniendo en cuenta a la vez el hueso disponible y cómo va a quedar el diente final. Es lo que llamamos cirugía guiada por ordenador, un campo en el que trabajo de forma habitual. Planificar así reduce la improvisación durante la intervención, aunque conviene ser honesto: ninguna tecnología sustituye al criterio clínico ni elimina por completo los riesgos propios de una cirugía.
Cirugía guiada y laboratorio propio: del plan al diente
Una vez planificado el caso, ese diseño se convierte en algo físico. A partir del plan podemos fabricar una férula quirúrgica que ayuda a colocar el implante en la posición prevista y encargar la prótesis o la corona a nuestro laboratorio propio.
Tener el laboratorio en la propia clínica cambia bastante las cosas. El técnico ve el caso, habla directamente con nosotros y puede ajustar un color, una forma o un punto de contacto sin los días de ida y vuelta de un laboratorio externo. Para el paciente eso suele traducirse en menos visitas y en unos tiempos más ajustados. Además, en un caso complejo mi hermano Alejandro, que lleva la ortodoncia, la Dra. Gabriela Paz y yo mismo trabajamos sobre el mismo archivo digital: todos vemos la misma información y decidimos juntos, algo que con papeles y moldes sueltos era mucho más difícil.
Qué gana el paciente con este flujo de trabajo
Al final, toda esta tecnología tiene sentido por lo que aporta a quien se sienta en el sillón. Ganáis precisión, porque cada fase parte de datos reales de vuestra boca. Ganáis previsibilidad, porque muchas decisiones se toman antes de empezar y podéis ver el plan explicado en 3D. Y a menudo ganáis tiempo, porque se evitan repeticiones y pasos intermedios innecesarios.
Dicho esto, prefiero ser claro: el flujo digital mejora la forma de planificar y de comunicar, pero no garantiza por sí solo el resultado. Cada boca es distinta y cada tratamiento tiene sus indicaciones y sus límites. Lo que sí puedo deciros es que trabajar con la información integrada nos ayuda a tomar mejores decisiones y a explicaros con claridad por qué proponemos una opción y no otra.
En resumen
- El flujo digital captura la información de tu boca una sola vez y la reutiliza en cada fase, reduciendo pasos intermedios que pueden introducir imprecisiones.
- El escáner intraoral sustituye en gran medida a las incómodas impresiones de silicona y genera un modelo 3D preciso de dientes y encías.
- El CBCT permite ver el hueso y planificar implantes con cirugía guiada por ordenador, siempre que el caso lo justifique y con una dosis de radiación contenida.
- El laboratorio propio y la planificación compartida entre profesionales suelen reducir visitas y mejoran la comunicación en casos complejos.
- La tecnología aporta precisión y previsibilidad, pero no sustituye al criterio clínico ni garantiza por sí sola el resultado.
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